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martes, 22 de marzo de 2016

Nuestras eternas vacaciones

Sonó el despertador y decidí quedarme en la cama un ratito más. Siempre lo pongo antes para poder remolonear un poco. Apenas pasado un minuto mi mujer me dio un par de golpecitos con el codo; «Levanta, perezoso, que vas a llegar tarde», se inclinó sobre mí, me besó suavemente los labios y volvió a acurrucarse en su lado de la cama.
Con la taza de café en la mano me asomé a la ventana; otro día oscuro y lluvioso me esperaba al otro lado del cristal. Recordé el frío que pasé el día anterior en el trabajo, apuré el café y cambié el jersey que llevaba por otro más gordo. Sin darme cuenta se me había echado el tiempo encima. Me asomé a la habitación de los niños para comprobar que dormían plácidamente y me marché.
El atasco era tremendo. Los días de lluvia son insoportables al volante. Los incidentes aumentan, la velocidad de los vehículos disminuye y los embotellamientos se multiplican. Todas las emisoras de radio hablaban sobre el estado de las carreteras. Tendría que armarme de paciencia. Encendí un pitillo, abrí una pizca la ventanilla y me dediqué a exhalar bocanadas de humo. Comenzó a sonar en la radio All of me, de John Legend, y no puede evitar acordarme del día que encontré a mi mujer llorando mientras escuchaba esa canción. Me acerqué a ella por detrás, la rodeé con mis brazos y le pregunté el porqué de sus lágrimas. Me explicó que la letra era maravillosa y la melodía evocadora, que le recordaba a nosotros. «Escucha», me dijo. Era cierto, la canción era preciosa, tanto, que desde ese día se convirtió en nuestra banda sonora. Los dos permanecimos inmóviles, escuchando la canción en silencio como dos quinceañeros enamorados.
 Apuré la última calada del cigarrillo y cerré la ventanilla. El frío era cortante. Con los últimos acordes, la carretera comenzó a despejarse y en poco más de veinte minutos llegué al aeropuerto tarareando aún la melodía. Corrí al vestuario, me cambié de ropa y salí a pista; el primer avión de mi turno estaba a punto de aterrizar y vendría cargado de maletas necesitadas de mi presencia para bajar del aparato.
No sé si fue el beso que mi mujer me dio unas horas antes, la placidez con la que vi que dormían mis pequeños, la canción que escuché en el coche o una mezcla de todo, pero las primeras horas de la jornada se me pasaron volando entre pensamientos y recuerdos junto a mi familia. Pensé en lo guapa que estaba el día de nuestra boda; se la veía tan feliz… Yo también lo estaba, me casaba con la mujer de mi vida, pero lo que me hizo sentir realmente afortunado ese día fue su sonrisa. Pensar que yo podía provocar ese sentimiento en alguien, sentir que me necesitaba, que quería compartir su vida conmigo, me hizo la persona más feliz en la faz de la tierra. Muestra de aquello vinieron nuestros dos hijos, Damián y Javier. Eso sí que era una bendición. Algo bueno tenía que haber hecho en la vida para tener una familia tan bonita. Me arrepentí de trabajar tanto. Tantas horas fuera de casa me impedían disfrutar de ellos como me gustaría. De hecho, nunca estuve presente en los momento importantes para mis niños, como las actuaciones de fin de curso o cada vez que se les caía un diente. No sabía si sería realmente consuelo para ellos, pero estaban encantados con mi promesa de viajar a Disney este verano. Lástima que para ello tuviera que seguir trabajando sin descanso.

Las once en punto. Hora del almuerzo. Terminé de cargar las últimas maletas de ese vuelo y me dirigí a la cafetería; estaba hambriento. La camarera, vieja amiga después de tantos años, me preguntó si quería lo de siempre y me hizo una seña para que me sentara. Ella me lo traería. Mientras esperaba mi desayuno me dediqué a observar por la ventana que daba a la zona de desembarque. Como todos los días, vi preciosos reencuentros y dolorosas despedidas. Me hubiera gustado conocer las razones de aquellas partidas, seguro que tras ellas existían historias sorprendentes. Observé a un niño negándose entre lágrimas a soltarse del cuello de su padre. «No llores, pequeño, regresará pronto y te traerá un regalo precioso», dije para mí. Ipso facto, escuché una inmensa detonación seguida de un fuerte pitido en los oídos que me hizo retorcer de dolor. Una luz blanca me dejó sin visión y ahí terminó todo.
En tantas ocasiones vi por televisión esos terribles atentados terroristas, millones de veces pensé en qué era lo que realmente movía a esos desalmados a cobrarse vidas inocentes de aquella manera, pues estaba convencido que no seguían las órdenes de ningún Dios, sentía pena por las víctimas, por sus familias, mil porqués me poblaban la mente… Y ahora…

Ahora no veo más allá de las lágrimas y el desconsuelo de mi mujer y mis hijos. Sufro pensando en cómo harán para salir adelante y olvidar el dolor que les parte alma.  Sufro por mí. Porque jamás volveré a sentir los suaves labios de Sara más allá de mi memoria, porque no podré arropar a mis hijos antes de dormir, porque había perdido toda oportunidad de acompañarles en las fiestas de fin de curso y porque, inevitablemente, un sentimiento de odio se había instalado para siempre en sus corazones. Sí. Desde hoy vivirán con odio. Odio hacia los criminales que mataron a su padre y dejaron a su madre hundida en la más absoluta de las tristezas. Y lo peor de todo es que esto volverá a pasar y tendrán que revivirlo una vez, y otra, y otra… Solo me queda intentar guiar sus pasos y esperarles en algún lugar para que podamos disfrutar de nuestras soñadas vacaciones eternamente.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Nos vemos en consulta

Entró al bar y pidió un café solo con dos azucarillos. Se sentó en la mesa de siempre, a esa hora era fácil encontrar su rincón vacio. Dio un primer sorbo para sentir el amargor del líquido ardiendo en su plena esencia; de este modo, una vez lo endulzara, sentiría con más potencia el sabor del caramelo. Dio nueve vueltas con la cucharilla y la sacudió tres veces en el borde de la taza antes de chuparla y dejarla sobre una servilleta de papel.  Se bebió el café en cuatro sorbos, ni uno más ni uno menos. Carraspeó un par de veces, dejó unas monedas sobre la mesa y se marchó. Llegó a casa con las próximas horas planificadas en su cabeza; Lo primero que haría sería apuntar en su libreta todo lo sucedido en la cita de la consulta psiquiátrica; desde el momento en el que la vio sentada al otro lado de la mesa, hasta el gesto de placidez que vio en su cara cuando se despidieron. Llevaba meses reuniéndose con ella. ¡Bendita adicción a la bebida! Gracias a ella se conocieron y comenzaron a reunirse mensualmente. Él sintió un auténtico flechazo cuando entró a la consulta y la vio por primera vez. Supo que ella sería su tabla de salvación y, si nada lo impedía, acabaría siendo su compañera de vida. Cierto es que las reuniones eran meramente profesionales, pero en cada una de ellas confirmaba que aquella mujer estaba destinada para él. Abrió su libreta y comenzó a escribir:

«A las 16:30h he entrado en consulta. Ella me esperaba sentada en su lado de la mesa. No quiero ilusionarme, pero he notado una especie de ansia en su mirada. Algo así como un profundo deseo por volver a verme. Nos hemos saludado cortésmente, aunque hoy he aprovechado el apretón de manos para acariciar su suave piel sutilmente, evitando que ella lo notase. Tomado asiento, hemos comenzado la distendida charla. Hemos hablado de los beneficios de una vida sin alcohol y he podido ver en su cara la satisfacción por los avances logrados. No he visto anillos ni señas que la identifiquen como casada. Lo sabía. Está predestinada para mí. Sé que ella no da el paso porque debemos mostrarnos profesionales cada uno en nuestro puesto de paciente -medico, y soy consciente que una consulta psiquiátrica no debe ser a su entender el lugar más adecuado para encontrar a la persona idónea, pero sé que está esperando que yo me lance. Noto que me desea. La adicción está prácticamente aplacada y sé que no son necesarias las visitas mensuales, podría haber propuesto extenderlas en el tiempo y no lo ha hecho. Se nota que necesita verme. Han sido muchas las sesiones que han hecho que nos conozcamos poco a poco. Como yo, sé que desearía que empezásemos a vernos fuera de la consulta pero ella jamás hará esa propuesta. La próxima vez la invitaré a cenar. Su actitud me lo pide a gritos y yo no aguanto más».

Cerró el cuaderno y se dirigió al cuarto de baño. Sus instintos más primitivos le instaron a darse un baño de agua caliente y aromas. Necesitaba pensar en ella, imaginarse perdido entre sus piernas en aquella bañera y dar rienda suelta a su imaginación. Cumplido el desahogo y enjuagado todo su cuerpo, enroscó una toalla en su cintura y se dirigió al mueble bar. Con la botella de whisky en una mano y un vaso con dos cubos de hielo en la otra, se sentó en el sillón que destinaba a la lectura. Llenó el vaso, lo puso al trasluz para admirar el brillo del líquido transparente y vio algo que hizo que la botella que sostenía en la otra mano estallara contra el suelo derramando por la alfombra todo el líquido que contenía; los cubos de hielo se habían transformado en los ojos de su amada, que lo miraba con reprobación y enfado. Se levantó sin dejar de mirar el vaso, emitiendo pequeños gemidos a modo de disculpa y, haciendo crujir los cristales desparramados por el suelo, se dirigió a la cocina y arrojó el líquido por el desagüe. ¿Cómo podía haber hecho eso? Corrió hasta su cuaderno, tenía que anotar lo que acababa de suceder:

«¿Cómo he podido ser tan estúpido? He estado a punto de decepcionarla, de conseguir que se aleje de mí para siempre. ¿Qué hubiera pensado al verme? Seguramente sentiría que no la tomo en serio, que nuestras charlas no me interesan y que la estoy desafiando. Tengo que llamarla. No puedo esperar al mes que viene para verla. Necesito que hablemos, contarle lo sucedido y que me perdone. Si quiero comenzar una relación con ella debo ser sincero. Algún día vivirá bajo este techo y será testigo de mis vicios y manías. Debe estar preparada».

Cerró el cuaderno, introduciendo el bolígrafo entre sus anillas. No quería que ella notase sus nervios a través de la línea telefónica, así que se preparó una tila con dos azucarillos. Dio un primer sorbo para sentir el amargor del líquido antes de endulzarlo. Tras nueve vueltas con la cucharilla dentro de la taza y tres sacudidas en su borde, la dejó sobre una servilleta de papel. Se tomó la tila en cuatro sorbos, ni uno más ni uno menos.
Buscó el teléfono de la mujer en la agenda y, tras un par de carraspeos, se dispuso a llamar. Un tono, dos…

―¿Sí? ―La voz más angelical que había escuchado nunca le respondió al otro lado.
―¿Sofía? Soy Germán, tu…
―Hola, Germán, sé quién eres. ¿Qué sucede? ―Preguntó intrigada.
―Necesito verte. Bueno, sé que nos hemos visto esta tarde pero hay algo que no te he contado que creo que deberías saber.
―¿Tan urgente es que no puedes esperar a la próxima sesión?
―Lo es.
―Está bien… ―Respondió dudosa y algo preocupada―. ¿Mañana a la misma hora en la consulta te parece bien?
―Preferiría en otro lugar, donde me digas, pero que sea más informal.
―Ya… Bueno, yo prefiero la consulta si no te importa. ―La mujer se empezó a inquietar.
―Perfecto, pues allí nos veremos. Gracias y disculpa que te haya importunado. Hasta mañana.
―Adiós.

El hombre se dejó caer en el sillón y programó la alarma de su móvil para que le avisase de cada hora que pasaba hasta que llegase su cita. Contar el tiempo que le quedaba para verla se había convertido en una constante en su vida.

Después de una noche de sobresaltos a consecuencia de los avisos de su teléfono, se levantó del sillón y se dirigió a su habitación. Sus prendas le esperaban ordenadas por tejidos y colores dentro del armario. Eligió las ropas más apropiadas y se marchó en busca de un precioso ramo de flores. Planeó en su cabeza el discurso, no quería que nada se quedase en el tintero, estaba convencido que en unas horas comenzaría su nueva vida junto a ella. No quería soltar una perorata sino un argumento perfecto. A falta de una hora para la cita, paró en el bar a comer algo. Pidió un sándwich mixto y un refresco y se sentó en la mesa de siempre. Dio cuatro mordiscos al bocadillo y cuatro tragos al refresco y, tras carraspear un par de veces, dejó unas monedas en la mesa y se marchó.

Cuando llegó a la consulta, que ese día cerraba por descanso, ella le esperaba en la puerta. Tras un cordial saludo, pasaron a la sala. Ella se extrañó al ver las flores, pero no dijo nada, prefería que el hombre le contara lo que sucedía.

―Siento haberte hecho venir, pero es importante.
―Imagino que debe serlo, hoy la consulta está cerrada.
―Sí, lo siento. Verás… ―Carraspeó―. Creo que ha llegado la hora de dejar de disimular de ser nosotros mismos. ―Dijo, dejando el ramo de flores sobre la mesa con un gesto que indicaba que eran para ella.
―No te entiendo, Germán ―empezaba a mostrarse asustada.
―Te quiero y sé que me quieres. Son muchos meses viéndonos, yo lo noto y tú lo notas. Los dos somos adultos, libres. No tenemos por qué conformarnos con las charlas dentro de esta consulta. Emprendamos una vida juntos, disimular más es inútil.

Sofía, que permanecía de pie, se dirigió a la puerta. El pánico se reflejaba en su cara. Él bloqueó la salida y trató de besarla. Muerta de miedo, se escabulló y le pidió por favor que la dejase marchar.

―¿Me vas a negar que no sientes lo mismo? ―Dijo él con los ojos llenos de agua.
―¡Por favor! ¡Para nada! ―gritó, angustiada.
―Entonces… ¿Por qué seguimos viéndonos? Sabes que la adicción está controlada y que, de momento, las sesiones no son necesarias. Lo haces para verme. No te resistas a lo nuestro. ¡Es inútil!
―Vengo porque sigues citándome. ¡Eres mi psiquiatra!


Huyó despavorida. Ahora era ella quien necesitaba una visita urgente al bar.

martes, 8 de marzo de 2016

No entre nosotras

Terminó de subir la escalera y sintió que no le llegaba el aire a los pulmones. El miedo atroz que le provocaban los ascensores se había convertido en el mejor de sus ejercicios, aunque en esta ocasión los tacones no se lo pusieron fácil.
            Llegó pronto intencionadamente, pretendía preparar un guión para no quedarse en blanco cuando tuviera delante a su jefa. Era la cuarta vez que optaba a promocionar en su trabajo y no podía permitirse volver a perder la oportunidad; ser la reportera multiusos de la agencia, sin horarios ni voluntad propia, dejó de tener gracia hacía mucho tiempo.
            Comenzó a dibujar en su mente la estampa con la que estaba a punto de encontrarse; su jefa la estará esperando sentada en el sofá del despacho, con un pitillo entre los dedos y la mirada fija en la puerta. No la invitará a sentarse, ni siquiera saludará, simplemente la observará en silencio, con gesto apático y escuchará con desgana el relato de su empleada, hasta que sienta que ya ha tenido bastante y la emplace a regresar el año que viene cuando esté más preparada.
            Laura estaba nerviosa, no por la reunión, sino por volver a enfrentarse cara a cara con esa mujer tan fría. El único contacto que doña Olvido tenía con sus empleados era ese; entrevistarse con las personas propuestas por el departamento de recursos humanos para el ascenso y decidir en el acto si les era concedido o no, basándose en las impresiones del momento, sin revisar el currículum o entrevistar a la persona. Según ella, su intuición era el motor del éxito de la empresa.
—Buenos días, doña Olvido, soy Laura Ribas, periodista del departamento de sucesos.
El gesto de su dirigente, alzando levemente las cejas y ladeando la cabeza, le indicó que el saludo no iba a ser correspondido.
—Bien… Este es el cuarto año consecutivo que me reúno con usted para la promoción de departamentos. Considero que tras varios años preparándome para el puesto, he alcanzado los conocimientos y la experiencia necesarios para desempeñar labores de más envergadura y responsablilidad. Ya sabe, doña Olvido, que mi trabajo me apasiona, y un ascenso sería una motivación tan grande para mí… Además, si me permite, —dijo sacándose un papel doblado del bolsillo de su chaqueta— traigo un desglose de mi actividad laboral en el último año, tanto individual como en equipo, en la que se demuestra que ha sido el periodo más productivo del departamento desde que me encargo de ello, y…
Doña Olvido, quien parecía completamente ausente, interrumpió con un carraspeo.
—Querida… ¿en serio van a ser esos tus argumentos? ¿Un papelucho con cuatro notas? Vamos a ser claras, no tengo mucho tiempo y este asunto debe quedar zanjado hoy mismo. Mírate.
            —¿Qué debo mirar? —preguntó Laura con cara de asombro.
            —A ti. No debes medir más de un metro sesenta, tienes los kilos mal repartidos y voz de pito. Jamás podrías mirar a un directivo a los ojos ni pelear con los tiburones que inundan el mercado. A mí no me interesa tu pasado laboral, mientras cumplas con los objetivos marcados, eres un número más en mi plantilla, cuando dejes de hacerlo serás uno menos. Pero ahora hablamos de cosas serias. Lo que se está ofertando es un puesto de responsabilidad en el que tu mayor arma tendría que ser tu presencia. Querida, verte entrar por la puerta me inspira muchas sensaciones, pero ninguna de ellas es agradable.
            —Doña Olvido, perdone que le diga, pero no creo que mi aspecto sea relevante —dijo intentando que su voz de pito no lo pareciera tanto.
            —¿No? Mira, te voy a ser clara. Dices que este es el cuarto año que optas a la promoción, ¿verdad? Bien… —hizo un silencio que aprovechó para levantase y caminar con parsimonia hacia su empleada—. ¿Conoces a las personas que acabaron promocionando años atrás? —Laura, algo intimidada por la cercana presencia de su jefa asintió con la cabeza—. ¿Qué tienen todos en común? Yo te respondo; son hombres imponentes con una excelente percha. Intimidantes, autoritarios y capaces de comerse de un solo bocado a veinte mujeres como tú. En serio, querida, no creo que estés tan mal en tu actual puesto de trabajo. Según están las cosas deberías estar agradecida por tener un empleo.
Imagen extraída del corto, Una mujer frente al espejo, de Yoshimichi Tamura
            —Entiendo. —Laura notó cómo comenzaba a arder su cuello a la vez que sus puños se cerraban con fuerza. —Creo que debo marcharme, pero esta vez no me quedaré con ganas de decirle algo. Como ya sabe, trabajo en el departamento de sucesos. Cubro informaciones de todo tipo; desde accidentes de tráfico hasta reyertas, peleas callejeras y asesinatos. He estado en todas las ciudades en las que, en lo que va de año, nueve mujeres han perdido la vida a manos de hombres autoritarios y sin escrúpulos, de esos que le gustan a usted. He tenido la serenidad y la sangre fría de cubrir esos sucesos, aunque la rabia me estuviera comiendo por dentro, para realizar un trabajo impecable que deje en buen lugar a la agencia que usted, mujer, representa. Y no lo haré más. Sé que no le será difícil encontrar a alguien que ocupe mi puesto. No me marcho porque quiera vengarme o como consecuencia de una rabieta, me voy porque me apiado de usted, me da mucha pena. Hasta que las mujeres no nos respetemos y valoremos entre nosotras, no conseguiremos erradicar esta lacra machista que nos rodea, tanto en la calle como en despachos como este. Aunque claro, quizá a usted no le interese que acabemos con esta mierda, pues es lo que llena de contenidos su asqueroso departamento de sucesos.


            Cerró la puerta del despacho tras de sí con un sonoro golpe, se quitó esos tacones tan incómodos que tanto la feminizaban y corrió hacia el ascensor que estaba a punto de cerrarse. Entró en el cubículo, se miró al espejo y sonrió al ver la fuerza que desprendía su mirada. Después de lo que acababa de suceder, su miedo a los ascensores era una anécdota. Supo que a partir de ese momento se atrevería con todo y contra todos.

martes, 1 de marzo de 2016

Una mujer

Una mujer bonita es aquella que no necesita tacones para sentirse grande, aunque los use para verse más femenina, es esa que usa el lápiz negro para dibujar sus sueños sin importarle que se gaste y no le alcance para pintarse la raya del ojo, la que se sujeta el pelo en una cola cuando le incomoda, a pesar de saber que luce más guapa con el pelo suelto.
Es aquella que se reconoce ante el espejo y no necesita hacerse quinientas fotografías hasta verse guapa en una de ellas y subirla a las redes sociales, la que acepta los piropos sin falsa modestia, la que sonríe y llora solo cuando le apetece. Es aquella que, aun sabiendo que las calorías aterran a sus semejantes, se chupa los dedos cada vez que come chocolate y no se castiga por ello.

Una mujer linda es la que no tiene reparos en salir a la calle sin maquillar, la que prefiere pasar dos horas de charla con amigos, o sola con un libro entre las manos, antes que hacerlo delante del espejo intentando ocultar todas sus imperfecciones. La que peina canas con orgullo, no disfraza su mirada y acepta como algo natural que los años le traigan celulitis, patas de gallo o centímetros de más en sus caderas.

Una mujer guapa antepone las emociones a las impresiones, lo sensato a lo banal, el descanso a la imagen, y aunque le gusta verse bonita, sabe organizar su lista de prioridades para que la parte estética nunca le robe tiempo a la emocional.

Una mujer feliz es la que se valora a sí misma sin necesitar que nadie alabe sus virtudes, esa que siempre elegirá la comodidad y rechazará el encorsetamiento. Es aquella que, cuando tenga que mostrarse desnuda ante otra persona, lo hará sin miedo ni vergüenza, pues siempre se habrá presentado como es sin crear falsas expectativas.

Una mujer segura pisa firme cuando va descalza, no titubea si se muestra al natural y decide arreglarse por satisfacción personal. Siempre sonreirá lleve o no los labios rojos y no se verá obligada a cruzar las piernas cada vez que tome asiento.

Una gran mujer es aquella que comprende que auténtico y artificial son antónimos implacables, que la espontaneidad no se estudia y las sonrisas siempre son bellas aunque los dientes no sean perfectos. 

miércoles, 11 de junio de 2014

A corazón abierto

Algo de lo que estoy muy orgullosa es de que nunca he tenido miedo a expresar mis sentimientos. Quizá suelo tardar en hacerlo y en ocasiones no lo hago en el momento oportuno, pero siempre dejo que se expresen, que formen parte de mi entorno como si fueran ajenos a mí, me gusta verlos de frente, analizar mi sensación ante ellos y la reacción que provocan en los demás. Pero aunque juegue con ellos como si tuvieran vida propia, soy muy celosa, los protejo de forma obsesiva, son míos, solo míos.


Analizando este hecho podría parecer que tengo pleno control sobre ellos; nada más lejos de la realidad. Soy pésima gestionando mis sentimientos. Esta es la razón por la cual soy tan inestable, vulnerable y sensible. Cuando mi corazón habla me suelo quedar sorda y puedo asegurar que es una de las peores cosas que te puede pasar cuando vives en un mundo como este.

Ahora que he decidido exponer mi trabajo de forma pública a la crítica de todo aquel que quiera opinar sobre él, me doy cuenta de lo mucho que tengo que aprender. La primera lección es básica; ver, oír y callar, algo realmente complicado para mí.
Las personas que nos movemos por impulsos sentimentales, pensando poco y sintiendo mucho, llegamos incluso a enfermar cuando guardamos tantas cosas dentro, de esas que quieres -o necesitas- decir y no puedes porque te perjudicarían directa o indirectamente o porque harían daño a terceros que no tienen culpa de que tengas las entrañas revueltas.

En fin, señores, de nuevo, esta servidora que perdía la fuerza por la boca, otorga, sin ninguna maldad, vaya por delante. Creo que lo único que me pasa es que debo terminar de adaptarme al medio en el que pretendo pasar el resto de mis días, pues a pesar de estar embarrado de roña y tinta barata, es el paraíso de cualquier mente inquieta que sueña con mostrar sus historias al mundo.


lunes, 9 de junio de 2014

LÁGRIMAS DE TEQUILA ¡GRATIS!

Buenos días, acurrucad@s

Mientras navego entre las páginas de la novela que me traigo entre manos, la cual ya está en proceso de corrección y varios arreglos, he pensado que sería interesante, para aquel que lo deseé, poner mi obra, lágrimas de tequila, al alcance de todos.

Desde HOY y hasta el día 11, su VERSIÓN DIGITAL SERÁ GRATIS EN AMAZON.


Podéis acceder al enlace de la descarga gratuita pinchando AQUÍ

Sin más, y a todo aquel que se anime a descargar un ejemplar, muchas gracias; espero que lo disfrute. Y a todos, sin excepción, gracias por seguir ahí, se os quiere, y no es un cumplido.

Abrazos.


martes, 20 de mayo de 2014

Me hacéis muy feliz ¡¡¡GRACIAS!!!


Creo que la mejor forma de explicar lo que siento es con imágenes. Así que allá vamos.































A todos ellos, uno a uno, sin excepción: GRACIAS

Si ver mi libro en papel ya fue un sueño, verlo en vuestras manos supera los límites de lo imaginable. Vuestro apoyo, vuestros comentarios y vuestras caras hacen que mi ilusión y amor por este oficio crezcan por segundos. Me reafirmáis, me dais cuerda e ilumináis mis despertares. 
Por supuesto, no quiero olvidarme de mis lectores kindle, pues no me puedo quejar del número de descargar que Lágrimas de tequila está teniendo en amazon. Mis palabras van dirigidas a todos.

Solo espero llegar a los rinconcitos que aun no he llegado; que precisamente son mis amigos blogueros, aquellos a los que, aunque ellos no los sepan porque no han leído el libro, dedico la última página. Así es la vida, a veces las cosas no salen como uno imagina.

Besos a repartir, se os quiere.

jueves, 8 de mayo de 2014

Las artes del escritor multiusos


Promociones, ofertas, novedades, libros gratis, bajada de precios, nuevos títulos, portadas de infarto...
Todo vale cuando se trata de vender y posicionar nuestra obra. Hacerla visible es tan complicado como encontrar una aguja en un pajar. En ocasiones pienso que existen más escritores que lectores y creo no equivocarme. Necesitamos ser vistos; las redes sociales son un escaparate inmejorable para aquellos que, como yo, no tienen recursos económicos para financiarse una campaña publicitaria en condiciones y tampoco disponen del respaldo de una editorial que hagan este trabajo por ellos. Incluso, muchos autores fichados por editoriales, no disfrutan de estos placeres, algo que no alcanza a mis entendederas, pues si la editorial, que es la dueña y señora de la obra, no promociona y distribuye su material para venderlo, ¿cómo pretende beneficiarse de ello? Pues a costa del trabajo del escritor, que hará todo lo que esté en su mano para que sus obras, a pesar de no ser ya de su propiedad, lleguen al máximo número de lectores posible. 
Pero las redes sociales son un arma de doble filo, pues el uso abusivo o inadecuado de las mismas puede jugar en nuestra contra. Sabiendo esto, la gran mayoría, decidimos asumir el riesgo.

Sin necesidad de pactar nada de antemano, los escritores nos aunamos y ayudamos unos a otros; nos leemos mutuamente, damos a conocer a nuestros lectores las obras de los demás y, si el título lo merece, lo recomendamos vehementemente. ¿O no? Al menos, así debería ser.

Pues resulta que, ingenua de mí, descubro que, en algunos casos, esto no es necesario; es decir, veo que la camaradería es tal, que todo vale. Es como ligar: Me mira, le miro, me sonríe, le sonrío, me guiña un ojo, me pongo colorada...
Vamos, que si tú me pinchas un "me gusta" yo te lo devuelvo y ¡hemos conectado! Entonces tú me promocionas y yo te promociono, independientemente de la calidad de nuestras obras. ¡Pá qué!
Y yo en ese juego, queridos míos, no voy a entrar.

No, porque mis años como crítica reseñadora no me permiten recomendar una novela que no he leído, por muy colegas que seamos. Y si la he leído y no me ha gustado, mucho menos. Creo que por encima de todo, debemos un respeto a los lectores. Si en su día una persona confió en ti, leyó tu obra y le gustó, es más que probable que para futuras lecturas se deje llevar por tu criterio. Y si tú, para ganar un puñado de nuevos lectores, le recomiendas una novela que ni siquiera has leído y esta resulta ser un fiasco, perderás credibilidad como crítico y, lo que es aún peor, como escritor.

Creo que debemos ser honestos y si nos consideramos compañeros de verdad, comencemos por ser lectores. Y lo digo con todo el cariño del mundo porque no se trata solo de la promoción, que será bienvenida, sino de lo mucho que podemos aprender los unos de los otros para mejorar en lo nuestro, que es escribir. Gracias a esto he descubierto a auténticos maestros en este arte; personas que hacen magia con las letras, verdaderos prodigios del lenguaje y la palabra y, de la misma forma, estoy aprendiendo mucho de lo que no se debe hacer.

Voy a poner varios ejemplos que, bajo mi opinión, son beneficiosos y perjudiciales:

Es muy bueno:
-Ser agradecido con tus lectores y dedicarles tiempo. A veces, tiempo es precisamente lo que necesitamos, pero si se busca, se encuentra.
-Hacer buenas recomendaciones literarias.
-Regalar de vez en cuando textos ilustrados de tu autoría. Somos escritores, escribir unas líneas y acompañarlas de una imagen no nos cuesta nada.
-Mostrarse optimista. Las penas y las malas noticias nos rodean, no seamos nosotros también los agoreros. Somos creadores de historias, de sueños. Si tenemos un mal día es mejor estar calladitos.
-Visitar otros muros o blogs y opinar sobre lo que ves. A todo el mundo le gusta sentirse acompañado.

Es horrible:
-El "yoismo". Hablar siempre sobre uno mismo aburre y cansa al personal de una manera brutal.
-La obsesión por alcanzar los primeros puestos en las listas de ventas. Es algo que todos anhelamos, pero está feo que se note.
-Las pataletas ante una crítica negativa. El lector no tiene porque estar equivocado si un libro no le gusta y, mucho menos, estar aburrido o ser tonto por haberse molestado en escribir su opinión sobre el libro. Si la crítica es ofensiva, estaríamos hablando de otra cosa, entendedme.
-Reivindicar el lugar que mereces como escritor. Deja que eso lo hagan otros por ti. Los escritores no somos líderes, nos debemos a los lectores. No pretendamos que nadie nos siga como un rebaño de ovejas, es absurdo.
-Contar tus miserias. Dar pena no es la forma más acertada de generar audiencia. En nuestra industria, no.

Aunque últimamente leo reseñas de ciertos libros que me dejan fumando en pipa, sigo confiando en el criterio de los lectores, aunque bien es cierto que es muy fácil dejarse llevar por las modas y lo que se lleva hoy en día se aleja bastante de lo que la literatura española está acostumbrada a firmar.

No quiero dármelas de lista con este post, simplemente he utilizado la lógica y mis conocimientos de marketing para analizar la situación que estamos viviendo actualmente y los caminos que creo son los adecuados y los incorrectos. A partir de aquí, cada uno seguiremos usando nuestras armas para promocionarnos y ser leídos, trataremos de despuntar por una razón u otra y, si somos honestos, recomendaremos a otros autores con conocimiento de causa pero, ¡ojo!, en esta jungla, todo vale, y no todos pensarán como yo.

Y ahora quiero aprovechar para dejaros, de forma voluntaria y porque me da la gana, una lista de libros escritos por autores contemporáneos que no os decepcionarán. Están enlazados a amazon para que podáis leer los comentario de los lectores y acceder a la compra si así lo deseáis.

Un abrazo.


Siempre estoy disponible en Facebook

jueves, 24 de abril de 2014

Ayer, día Internacional del libro, me entrevistaron para Canal Norte Digital.

Hola, acurrucad@s,

Os dejo la entrevista que me hicieron ayer con motivo del día del libro. Espero que os guste.
No me cansaré de decirlo, os echo de menos. La escritura de la novela no me permite bloguear. Espero que sepáis perdonarme.


Fuente: CNtv digital www.canalnorte.org

Un fuerte abrazo y lo dicho, para seguir en contacto, me tenéis en Facebook.

miércoles, 23 de abril de 2014

FELIZ DÍA DEL LIBRO



"Por fin me he lanzado a tener esta conversación contigo. Posiblemente sea porque me cuesta horrores aguantarle la mirada a alguien que lo sabe todo de mí pero necesita escuchar ciertas palabras de mi boca. Es difícil sincerarse ante una persona tan cercana y a la vez tan hermética y vulnerable. Pero esta vez sé que mis palabras no te harán daño. Ya no.
Quiero agradecerte que estés teniendo el valor de acompañarme en este momento tan incierto de mi vida, en el que, por fin juntas, hemos decidido luchar por mi sueño e ignorar las voces que nos instaban a seguir otros caminos. Ambas sabemos que no es fácil, créeme cuando te digo que sentimos el mismo miedo, pero saberte a mi lado me da la tranquilidad y la fuerza necesarias para no cesar en mi empeño.
Gracias por tu coraje, tus palabras de ánimo y consuelo y el arrojo que muestras en las batallas que libramos. Lo haré por nosotras, porque es lo único que sé hacer y porque sin ello no sería nada; prometo no dejar nunca de escribir".

Una lágrima resbaló por su mejilla hasta morir en su sonrisa, imagen que fue devuelta de forma instantánea por el espejo en el que se reflejaba.



domingo, 20 de abril de 2014

Ya es un hecho, Lágrimas de tequila, en papel

Buenos días, queridos todos

Pues parece que ya es un hecho; puedo deciros que "Lágrimas de tequila" ya está disponible en papel. Es una edición "Juan Palomo" que he querido poner a la venta por satisfacción personal, con lo cual, de momento, los libros se venderán bajo pedido. El que esté interesado en conseguir un ejemplar que se ponga en contacto conmigo vía facebook o a través de mi correo cfranco@ono.com

El precio del libro está en torno a los 10€. Digo en torno porque quien lo compre directamente a través de amazon, que es la plataforma distribuidora, quizá pague un poco más por aquello de los gastos de envío, por eso se me ha ocurrido ser yo misma quien distribuya los ejemplares, pudiéndolos enviar firmados a cualquier punto de España y pagando solo 10€. 

Lo dicho, contactar conmigo y lo hablamos, es mejor así ¿verdad?


martes, 25 de marzo de 2014

¿Solo lo veo yo?


No estoy acostumbrada a morderme la lengua y desde que me conviene practicar este hábito, noto que mi inteligencia se está volviendo mucho más sensible y vulnerable a los ataques externos. Me explico.
Antes podía leer cualquier cosa cuyo contenido fuese horrendo y decir: "este texto es malísimo por tal o cual motivo". Me quedaba tan a gusto y daba mi más sincera opinión. Curiosamente, siempre habían otras voces que me secundaban, dando la sensación de alegrarse de que otro hubiera sido la voz cantante para unirse al coro sin que su voz destacara mucho.

Ahora la cosa es distinta; debo ser comedida y tener mucho cuidado con las opiniones que vierto sobre los libros de otros escritores pues, hoy en día, todos estamos conectados y, desgraciadamente, no todos sabemos encajar las críticas.
Corro el riesgo, no solo de ganarme la enemistad del autor, si no la de todos sus lectores y amigos, personas que a través de sus medios sociales pueden hundir mi carrera mucho antes del pistoletazo de salida.

Lo peor de todo es que me consta que esta especie de aprensión se está contagiando entre los lectores y reseñadores aficionados, que por amistad, simpatía o compromiso con el autor no son sinceros a la hora de calificar su obra.

No sé si somos conscientes de ello, pero esto está haciendo mucho daño a la literatura contemporánea. Muchísimo.
Primero, porque los sótanos de las plataformas digitales están repletos de escritores auto-editados con obras maestras que no podrán mostrar al mundo, y por ende, a las editoriales (que hoy en día solo pasean por el top 100 para ver qué cazan) los portentosos trabajos en los que han puesto esfuerzo y pasión a partes iguales, y segundo, porque si seguimos laureando obras que sabemos no tienen mérito alguno y encumbramos a sus autores, convertiremos la literatura española, y perdonadme la expresión, en "el coño la Bernarda".

Y yo, queridos míos, me niego a formar parte de tamaña recesión cuando siento el tremendo orgullo patriótico de ser fruto de la tierra que vio nacer a Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Quevedo, Miguel Delibes o Muñoz Molina.

Estoy a favor del progreso y de que nuestras historias se adapten a los tiempos que vivimos, pero una cosa es "adaptar" y otra "simplificar".
Y todos los géneros literarios, TODOS, tienen cabida en nuestros tiempos. ¿O acaso la novela histórica, por hablar de tiempos pasados ya no está de moda? No, como ahora se lleva lo chick... Solo pregunto, ¿eh?

Y voy a terminar esta entrada repitiéndome en algo que me parece muy crudo. Que sea el lector el que tenga que andar con cuidado a la hora de emitir su valoración por miedo a las represalias (y sé porqué lo digo) y no el autor el que sienta respeto ante la opinión de sus lectores me parece A-CO-JO-NAN-TE.

Por favor, amigos, leed mucho, de todo, opinad y sed libres.
Devolvamos su camino a la literatura.

Recientemente he deshabilitado la opción de comentarios en el blog, pero puedes expresarte AQUÍ, donde siempre estaré disponible.

jueves, 20 de marzo de 2014

DEBO SER JUSTA


Llevo varias semanas sintiéndome mal por no poder atender el blog como es debido. Puedo razonar los motivos, pero son los de siempre; el tiempo y el trabajo.

Como ya sabéis, estoy metida de lleno en el alborotado mundo de la literatura. Hace apenas tres meses publiqué mi primer libro, Lágrimas de tequila, y debo decir que el tortuoso trabajo de promoción que lleva consigo ser autor independiente es agotador. Además, estoy inmersa en la creación de mi primera novela, la cual me lleva horas y horas de investigación y documentación y otras tantas de escritura, claro está. A esto hay que añadirle no debo encerrarme solo en eso, tengo que ir abriéndome hueco y haciendo sonar mi nombre por estos mundos literarios en los que hay tanta competencia y a la vez tanto compañerismo. Por ello, el ayudar a mis colegas en su promoción es algo obligatorio para mí y muy fructífero para todos. 

Con estas líneas, que espero no os hayan sonado a cantinela, quiero decíos que siento no poder corresponder vuestras visitas y comentarios como merecéis, y por esa razón, he cancelado en mi blog la opción de dejar comentarios. Creo que es lo justo. De esta manera sé que muchos dejaréis de pasar por aquí, pero también descubriré quiénes estáis a mi lado porque queréis y no por ser correspondidos.

Dar el paso que quiero dar es muy difícil, me gustaría preguntaros uno a uno cómo lo haríais vosotros y quedar bien con todo el mundo pero eso a veces no es posible.
Que yo anule esta opción en mi blog no significa que vaya a dejar de visitaros, cuando menos los esperéis por allí me tendréis, pero sí me quedo más tranquila sabiendo que ninguno sentís el compromiso de pasar por aquí para comentar.

Para los que realmente estéis interesados en seguir mis pasos y estar en contacto conmigo, os dejo el enlace de mi FACEBOOK personal, allí siempre estoy disponible, pues es una de mis herramientas de trabajo.

Un abrazo muy fuerte, se os quiere.

domingo, 16 de marzo de 2014

Presentación de "maldita". Crónica.

No quiero pecar de melosa ni provocar un brote diabético a quienes pasen a leer esta crónica, pero permitidme que, en ocasiones, deje que mi corazón sea quien escriba algunas líneas, pues será la única manera que tendré de transmitir de la forma correcta lo vivido el pasado viernes en la presentación de “maldita”, de Mercedes Pinto Maldonado.


Inexplicablemente,  en contra de lo que había estado sintiendo en días anteriores, me levanté serena. Sabía que ese día iba a ser único, y si permitía que me invadiesen los nervios no lo disfrutaría como tenía que hacerlo.
Se presentaba una jornada intensa; recogidas en el aeropuerto, encuentros con personas queridas, momentos de mucha emoción tras conocer a los miembros del club de lectores  -esos sin los que mi día a día ya no sería lo mismo- la acogida en casa de mis tres invitadas de lujo, que viajaban desde lejos expresamente para acudir al acto… Un día muy ocupado. Perfecto para que los nervios no tuviesen cabida.
Madrid fue cómplice de una de las tardes más bonitas de mi vida.  Una ciudad emblemática, plagada de transeúntes que actuaban haciendo honor al típico comienzo de un fin de semana; más relajados, dejando que la velocidad propia de esta ciudad fuese disminuyendo al ritmo de la caída de la tarde,  dando paso a los artistas urbanos y a las bocas de metro serenas y regalándonos un aire fresco y reconfortante que agradecimos a la vez que criticamos.



Fnac Callao nos esperaba. Mercedes Pinto, Rafael R. Costa y una servidora, estábamos listos para mostrar nuestra cara más amable y generosa con todos los invitados al acto. Sabíamos que vendrían amigos y lectores de la autora, que estaríamos muy arropados, pero no contábamos con la gran acogida que tuvimos. Fue algo increíble. En cuestión de segundos la sala se llenó mientras la entrañable y excepcional violinista, Alexandra Krivoborodov, daba la bienvenida con los alegres acordes de” Gavotte Roudeau”. El acto comenzó después del aplauso que arrancó su actuación.


Allí me vi, frente a toda esa gente, haciendo algo que no había hecho nunca, pero con la plena convicción de, al menos, dar todo de mí para presentar la novela de mi querida amiga y compañera Mercedes Pinto. Una novela que me conmovió hasta el punto de obsesionarme. Un libro por el que hace años me devané los sesos para conseguir que ese día llegara. Una historia que me confirmó que mi vida no era nada sin literatura y que removió tantas cosas dentro de mí que, en ese momento, a punto de comenzar a hablar, supe que todo había merecido la pena. 


Gracias, Mercedes, por haberme hecho partícipe de ese momento tan especial de tu carrera profesional. Hiciste que se cumpliera mi sueño de lectora, ese que nació hace más de cuatro años cuando leí “maldita” por primera vez y quedé prendada de Lucía y de ti. Gracias por todo y por tanto. Gracias.
Tras la mesa, comenzaron a sucederse una serie de imágenes que lo decían todo. Un vídeo que había visto previamente, pero que agradecí tener a mi espalda, pues su contenido emotivo y tremendamente sentimental me hubiera jugado una mala pasada.



Mercedes agradeció a los presentes el esfuerzo por haberse acercado hasta la calle Preciados 28, muchos de ellos lo hicieron desde lejos, como Alicia Boza Romero, que vino desde Italia o su hermana María José desde Huelva. Tuvo palabras de agradecimiento tanto para sus compañeros de profesión, -entre los que se encontraban la sin par Mercedes Gallego; la encantadora Marta Querol; la sublime Antonia J. Corrales; la carismática Amelia Noguera; el sonriente José Luis Palma; el participativo Manuel Navarro; el elegante Julio Castillo; el carismático Miguel Ángel Moreno y la preciosa Mónica Rouanet- como para Ediciones B, pero la parte más emotiva llegó cuando se dirigió a su club de lectores. Parte de ellos se encontraban en la sala,- nuestra lagartija amorosa Eva Mruiz, que vino desde Sevilla; las ya mencionadas Alicia y María José Boza Romero, que no se puede ser más bonitas ni tener tanto arte; Carmen Mencar y su tremendo sentido del humor;  la inigualable Margarita Corzo Taboada; nuestro queridísimo Juan Manuel Fernández; el invisible búho entre libros, al cual no pude ver, pero después supe saber quién era; la cariñosa Solete Curruca y Celia García Muñoz pegada a su preciosa sonrisa- y tuvo un recuerdo muy cariñoso para todos aquellos que no pudieron asistir pero que, cada día, están presentes a través de las redes, sin descanso, mostrándole su apoyo y dándole cariño. En definitiva, haciendo de este club UNA GRAN FAMILIA.



Rafael R. Costa estuvo increíble. Su discurso fue soberbio, hablo como solo los grandes saben hacerlo, desde el convencimiento y la tranquilidad de quien maneja el lenguaje a placer, jugando con la metáfora de una manera deliciosa. Analizó las artes de Mercedes desde varios puntos de vista, desnudó a sus personajes y enmarcó su estilo literario. Nuevamente, como ocurrió con la primera actuación de la violinista, el público quedó prendado con su intervención, que originó una ovación espontánea entre los asistentes. No podía ser menos. Gracias, Rafael. Eres un hombre increíble, todo un maestro.


En mi caso, quise contar al personal como nació mi relación con Mercedes y Lucía, la protagonista de la novela, narrando una historia basada en una iniciativa bloguera que emprendí para que Lucía comenzase a dar sus primeros pasos. Aquello me otorgó el título de “madrina” de la pequeña, uno de los nombramientos de los que estaré más orgullosa el resto de mis días. Quiero aprovechar desde aquí para agradecer a todos aquellos blogueros que en su día se unieron a esa iniciativa llamada “lectura conjunta de maldita, de Mercedes Pinto Maldonado”, porque sin ellos el viaje que en aquel momento emprendí no hubiera llegado a buen puerto.
Leí un fragmento de “maldita” acompañada al violín por Alexandra, que toco la magnífica pieza “Meditación de Thais, de Jules Massenet”, una obra estrechamente relacionada con la novela. Tengo que verlo desde fuera para saber cómo quedó, pero los asistentes me dijeron que fue muy bonito.



Tras el consabido turno de preguntas a la autora, el cual fue bastante interesante, Mercedes, al ritmo de “Air en Re Mayor , de Bach”, comenzó a firmar ejemplares en un rondo que no acababa nunca. Se creó un ambiente muy especial, autores y lectores comenzamos a interactuar mientras Mercedes firmaba y se fotografiaba. Saludos, abrazos, risas… Cómo no mencionar a mi querida Gema Martin, que regala los abrazos más ricos del mundo, o a María Alonso, genial lectora y siempre dispuesta a apoyar a los escritores en este tipo de ceremonias.







Acabada la presentación, un grupo muy especial de personas nos fuimos a cenar juntos. Fue algo inesperado y que no se preparó. Esas, las espontáneas, son las cosas que mejor regusto le dejan a una.



No quiero acabar esta crónica sin agradecer de nuevo a todos y cada uno de los asistentes su participación. Hicieron de esa tarde una velada inolvidable, creo que la sonrisa de "la señora de las letras" lo dice todo.
Fotografías realizadas por el fotógrafo Tomás Gallego. Excelentes.